Con tantas cosas que hacer en el día a día, en muchas ocasiones se pasan por alto algunos asuntos, como, por ejemplo, visitar el cementerio donde descansan nuestros seres queridos. Sin embargo, el paso del tiempo y su localización al aire libre, hacen que las lápidas se desgasten y necesiten de ciertos cuidados de mantenimiento para evitar que se cubra de líquenes y llegue a romperse. En este artículo se van a ver los pasos de cómo limpiar una lápida de granito, uno de los materiales utilizados más habituales para este tipo de elementos conmemorativos.

El granito se elige para este tipo de trabajos por ser una excelente piedra, es abundante y soporta muy bien el paso del tiempo en comparación con otras, como el mármol. Estas características hacen que los grabados en la lápida perduren y puedan leerse claramente durante cientos de años. Si toca visitar el cementerio y limpiar una lápida de granito de un ser querido, esta guía te ayudará para hacerlo correctamente.

¿Qué se necesita para limpiar una lápida de granito?

Lo primero es reunir todos los elementos necesarios para la limpieza de estos objetos de piedra para no llegar al cementerio y encontrarse con que falta algo imprescindible. Para este trabajo se necesita un cubo limpio, líquido para lavar platos (es necesario que no se usen detergentes que contengan vinagre, limón o amoniaco), 6 litros de agua, bastoncillos de algodón para llegar hasta los rincones, 2 trapos limpios para limpiar y 2 trapos limpios blancos de microfibra para secar y pulir la lápida.

Y ahora, con todo listo, se procederá a la limpieza. La frecuencia con la que haya que llevarla a cabo dependerá mucho de las condiciones climáticas donde se encuentre ubicada y el entorno, si hay arboleda cerca de la lápida, que le caiga tierra los días de lluvia…

1. Quitar el exceso de suciedad

Como en el cualquier otro proceso de limpieza, el primer paso para limpiar una lápida de granito consiste es retirar con agua clara el exceso de suciedad, los elementos más gruesos, que se encuentre sobre ella.

2. Utilizar agua y jabón para una limpieza profunda

El segundo paso es la limpieza a fondo de la lápida. Para ellos, hay que echar unas gotas de lavavajillas en un cubo con dos litros de agua. Cabe recordar que no se pueden utilizar productos tales como el amoniaco, el limón o el vinagre, pues son muy ácidos y deterioran la superficie del granito.

A continuación, se va remojando un trapo en el preparado jabonoso y se procede a limpiar a fondo, repitiendo varias veces hasta que se consiga un resultado satisfactorio. Con el otro trapo de limpieza se va retirando el exceso de agua y suciedad.

3. Aclarar la lápida con abundante agua

Para evitar que se vaya quedan acumulado el jabón en la lápida de granito tras varios procesos de limpieza sucedidos en el tiempo, cuando se termine de retirar la espuma, es necesario aclarar la lápida con abundante agua y pasarle un trapo completamente limpio.

Llega el momento de repasar bien la lápida buscando posibles restos que hayan quedado y, en caso de que quede suciedad, volver a repetir los pasos 2 y 3.

4. Secar la lápida de granito

Cuando se haya lavado con agua clara la piedra y esté completamente libre de jabón, es hora de usar un paño blanco limpio para secarla completamente. Este paso es fundamental, ya que los limpiadores utilizados dejan rayas si la lápida de granito no se seca inmediatamente.

5. Limpiar los rincones de difícil acceso y los grabados

Es el momento de utilizar los bastoncillos de algodón para repasar los rincones y grabados de la lápida y que quede perfectamente limpia. Para este proceso, se sumerge el bastoncillo de algodón en agua jabonosa, se raspa suavemente cualquier acumulación de suciedad en los espacios estrechos. Es posible que se necesiten emplear varios bastoncillos. Posteriormente, se pasa un paño humedecido con agua para retirar el jabón y otro limpio para secar.

6. Volver a pasar un paño seco y limpio por toda la superficie

Por último, es recomendable usar un paño blanco y seco para pulir la lápida de granito. Este último paso es el que asegura que no queden rayas, mejorando definitivamente el aspecto de la losa, aportándole brillo. Se recomienda no usar un trapo utilizado con anterioridad, pues podría estar húmedo y eso produciría el efecto contrario al que se quiere conseguir, con la aparición de marcas.

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